Volcar

Hay veces que calculas mal. Que pones mucho peso en un lado de la lancha y ésta vuelca. Que pones mucho peso a un lado de la furgoneta y ésta vuelca. Que pones mucho peso en un lado de la balanza y ésta vuelca.


La vida es así. Es una sucesión de decisiones que nos conducen hacia lo que somos y lo que seremos mañana. Y hay momentos en que si pones demasiada ilusión, demasiadas ganas, demasiada pasión, demasiado deseo, demasiados sueños, demasiado futuro... acabas por volcar.

Hay que buscar el punto de equilibrio, la estabilidad, la simetría, la estabilidad. Aunque ello suponga no poner ilusión, ganas, pasión, deseo, sueños o futuro. Porque si de un lado no hay nada y del otro hay demasiado, vuelcas.


La vida, por duro que suene, muchas veces consiste calcular al milímetro la distancia, al segundo el momento, a la sílaba las palabras. Y si te pasas o te quedas corto, terminas volcando, dando vueltas de campana, con los huesos rotos y el alma en la UVI.


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